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Persona nacida en un lugar o re-descubriendo a Legna Rodríguez Iglesias


Legna Rodríguez Iglesias

Persona nacida en un lugar o re-descubriendo a Legna Rodríguez Iglesias

Autor: Kike Perdomo

Nunca supuse que mi acercamiento a (con) la poetisa y escritora cubana Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984) tendría, además de la palabra, otro punto en común: un pueblo llamado Vertientes.

Allí la entrevisté alguna vez, durante una Cruzada Literaria y hoy, en un puente Miami-Ecuador, recurrí a los mensajes directos del Twitter, la única red social que usa la joven con cierta frecuencia.

Háblame de tu infancia, tu familia.

“Mi familia es de lo más humilde que te puedas imaginar. Provengo, en realidad, de una familia pobre, en el sentido económico de la palabra, pero los libros nunca fueron una censura en mi casa. Para libros siempre hubo dinero. Si la niña quiere un libro, hay que comprárselo.”

Legna Rodríguez Iglesias con su perro

¿Tu nombre tiene alguna explicación etimológica?

“Me llamo Legna porque mi abuelo se llamaba Ángel, y mi mamá decidió virarlo al revés. Como juego de palabras, me gusta. Y como Leña, pronunciación latina, también.”

Más que decantarse por una Carilda, una Fina o una Dulce María, Legna prefiere citar otras poetisas, algunas muy  conocidas en la literatura cubana, otras no tanto, pero que respeta muchísimo.

“Reina María Rodríguez, Soleida Ríos, Nara Mansur, Jamila Medina y Gelsys M. García Lorenzo. Al mismo tiempo quiero darte otros tres nombres de poetas cubanas vivas: Damaris Calderón, Maria Elena Hernández caballero y Magali Alabau.”

“Me interesa mucho el tema de la mujer porque soy una. Si fuera un hombre ahondaría en mi propio ser como hombre. No es feminismo. Profundizo en ese tema para profundizar en mí, y en las mujeres que conozco, que son las más hermosas del planeta, porque son mis amigas.”

De Legna Rodríguez no sabía que Nina Simone forma parte de su imaginario, que si tuviese mucho dinero sería adicta al ron Añejo 7 años, que suele lavarse mucho los pies, comer arándanos o que hace de librera en Altamira, en el corazón de Coral Gables.

“Mi trabajo en verdad es escribir. Donde más fuerza hago y lo que más hernia me da es escribir, precisamente. Vender libros en Altamira es solo un gaje del oficio. Es metódico y redundante, y monótono. Tengo que hablar con todo el que entra y conversar de las cosas que a esa persona le preocupan. Muy rara vez a los clientes y a mí nos preocupa lo mismo.”

Hasta de esta circunstancia se “aprovecha”, pues tiene en la mira, junto al escritor argentino Hernán Vera, una antología de crónicas sobre la experiencia de vender libros en Miami.

Además de una singular apuesta con una amiga muy especial. “Empecé a escribir una novela nueva, también, que forma parte de una apuesta con otra amiga muy especial, a ver cuál de las dos la termina y publica primero”.

¿Te condiciona la vida política de la ciudad?

“No. Estoy inmersa en la vida del lugar donde esté en todos los sentidos, y alejada al mismo tiempo. La forma en que un creador ve las cosas es siempre insospechada. Me gusta estar en el meollo cuando escribo. Mi esencia es solo una y siempre escribiré desde ahí. Las cosas que me preocupa pululan en todas partes. Y mucho de lo que veo me molesta. Tengo un estado de incomodidad e inconformidad que siempre llevaré a donde vaya. Así que para escribir me sirve cualquier lugar.”

Legna Rodríguez Iglesias con recuadro

Te vimos en el programa Camilo, de CNN, lucías tímida y nerviosa.

“Soy a veces tartamuda y no me gusta hablar con desconocidos. No me gusta hablar, prefiero escribir. Tampoco me gustan los programas de promoción. Acepté la entrevista porque el libro “debe” promocionarse y venderse. Y porque Camilo en persona habló conmigo muy amable, para que fuera al programa. Pero no soy vocera de mí misma. Prefiero escribir calladita, y mucho.”

Parecías una niña buena

“Soy medio eso, pero con oscuridades.”

Hablando de promociones, Mujeres de este Mundo aprovechó para preguntarle a Legna sobre “Mi novia preferida fue un bulldog francés” (Alfaguara, 2017) y la importancia de publicar con esta casa editora.

“Alfaguara significa, sobre todo, expansión y difusión. Agradezco infinitamente este libro tan hermoso que tanto orgullo me da. Gracias a él me han leído y leerán personas que de otro modo no sabrían nada de mí. Pero mi obra no es ese libro. Ni siquiera mi mejor obra.”

¿Y por qué (solo) Twitter?

“Mientras menos caracteres, mejor. “Mi novia preferida fue un bulldog francés” está lleno de eso, de pequeños mensajes entre capítulo y capítulo.” 

Justo aquí termina este manojo de letras a modo de entrevista, (otra de las tantas entrevistas que ha concedido), cuya transcripción no empezaría con aquella alusión geográfica de marras.

De hecho, en el casi epílogo de la plática, me confesó el peso que tiene, para su vida y su carrera literaria, la abuela Roselia Moronta, oriunda de Vertientes. “Esa es mi raíz”, dice.

Y así, desde el interior del MD, me compartió un hermoso poema de su libro Tregua Fecunda (Editorial Unión 2012) y confesó que Roselia, su abuela, es un tópico al que debería dedicar el resto de su obra.

Legna Rodríguez Iglesias poema

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